Los muros andaluces de Alberti, al igual que los muros de adobe pintados a la cal de algunos caseríos del valle central de Chile, inspiran estas casas levantadas a orillas del río Mapocho.
Se trata de un proyecto conjunto del Ministerio de Vivienda y Urbanismo, el Municipio de Lo Barnechea y la Fundación Cultural y Agrícola la Dehesa, unidos con el propósito de erradicar los campamentos marginales establecidos junto a la ribera del río, en la comuna de Lo Barnechea, en el extremo nororiente de Santiago.
Uno de los mayores estigmas de la ciudad contemporánea son los fragmentos de miseria urbana constituidos por los campamentos marginales, desprovistos de las condiciones mínimas aceptables de dignidad y de salubridad.
Tradicionalmente las soluciones han privilegiado los aspectos cuantitativos por sobre los cualitativos. Iniciado ya el siglo XXI, pensamos que no puede seguir existiendo en arquitectura ese habitual dilema entre las aspiraciones estéticas y el compromiso social, como si fueran elementos antagónicos y excluyentes. La cultura y la belleza son – tanto como el acceso a una vivienda digna – un ¬derecho de todos.
Con una densidad de 350 habitantes por hectárea, esta ciudadela está conformada por casas de tres pisos de ladrillo y hormigón, pintadas de blanco y con 60 m2 de superficie. Las esquinas de cada manzana, al igual que el edificio lineal al sur del conjunto, están formadas por departamentos en un nivel, y cuya superficie es similar a la de las casas.
En esta propuesta urbana quisimos recuperar la naturaleza colectiva de la ciudad, desterrando el exceso de individualismo. Pensamos que una manera de revitalizar el entorno consiste en reconsiderar la significación básica de la fachada como límite entre el espacio íntimo y el espacio colectivo. Es en la aproximación de las fachadas donde –nos parece– surge la cotidiana poesía de la continuidad: los vecinos, la calle, el barrio, la plaza, los aciertos y los equívocos, la vida ciudadana.











