Este proyecto planteaba el tema de la colonización de un territorio nuevo, recién urbanizado, de grandes parcelas y bajísima densidad, características que, junto a una naturaleza fuerte y una vegetación que prevalece sobre las intervenciones humanas, confieren al lugar una atmósfera más próxima a lo rural que a lo urbano.
En este escenario esencialmente geográfico radical se construyó un volumen rotundo, a escala del paisaje y a la vez parte de él. La propuesta, de una rigurosa economía formal, se sintetiza en el alineamiento de dos muros paralelos extendidos a todo lo ancho del solar. La base se despliega siguiendo la topografía de una pequeña hondonada preexistente, desarrollando al interior de la vivienda distintos niveles de suelo que ponen de manifiesto el valor topológico de la obra.
Por otra parte, se propuso un suelo nuevo en el nivel de la cubierta. Este plano horizontal, de pasto y agua, está presidido por dos columnas (chimeneas) que establecen un diálogo a la distancia con las lejanas torres del centro de la ciudad.
La propuesta, respetuosa del entorno natural, se construyó de tal modo que la vivienda esconde su presencia a la visión desde la calle, y sólo la cubierta se hace visible, por un instante, junto a las dos columnas en medio del pasto, las que aparecen fugaces oteando el horizonte.
El acceso apenas se insinúa a partir de un pequeño desvío de la cuesta. El ascenso se transforma en un liguero descenso que conduce hasta un primer patio desde donde se inicia el recorrido que nos lleva al interior de la vivienda. Flanqueada por dos imponentes muros de piedra, una callejuela estrecha desciende hasta el patio de acceso.
Al final del trayecto, el corredor se ensancha y da paso al recogimiento y a la interioridad, donde el único paisaje es el cielo que se refleja sobre la fuente de agua dispuesta a ras de suelo.











